sábado, 23 de enero de 2016

Pornfooder por naturaleza

El otro día estuvimos hablando sobre el término pornfood, que no es más que la corriente fotogastronómica de compartir en las redes sociales lo que tenemos delante del plato. Instagram ha sido la red social que gracias a su sencillez ha democratizado esta tendencia, aunque antes de la existencia de las redes sociales, en la sombra y muy pocos, algunos ya fotografiábamos en casa, bares o restaurantes lo que íbamos a comer, con el único objetivo de guardar el recuerdo igual que se hace con los monumentos o edificios de los sitios que visitamos.

Os dije que sería curioso compartir esas fotografías, pues bien, rebuscando un poco en mi archivo digital (no he buscado en los negativos analógicos) he encontrado esta lindeza de 2004. Espero que no se me juzgue, ya sé que el cebatil grasiento es bíblico. Esta obra de la gastronomía la tenemos que enmarcar en un período en el que mi hermano y yo, en nuestra adolescencia, no teníamos otra forma de celebrar el comienzo del fin de semana que construyendo estas maravillas culinarias hogareñas.


Entiendo, querido lector, que estas fotografías como tal no le transmitan mucho, pero piense en dos chavales que rondando los 15 años se pegaban la noche en la cocina investigando por sí solos los entresijos de las sartenes, las cocciones, los tipos de cortes y las múltiples combinaciones que nos permitían los alimentos que encontrábamos en la despensa. Ahora piense en usted, en sus inicios, estoy convencido que el sentimiento que nos abarca es el mismo.



También hacía fotos a los mercados, restaurantes, puestos de comida, la inspiración viene de cualquier rincón.

Desde entonces y sin saberlo me convertí en un pornfooder por convencimiento propio, por naturaleza, posiblemente como empezó usted amigo mío, lo cual no nos convierte en mejor persona pero... es gratificante saberlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario